En Calanda y otras partes de Aragón, una parreta es una tinajilla de cuerpo esférico que se utilizaba preferentemente para guardar aceitunas o adobo de tocino, a modo de orza. Según Álvaro Zamora (1980: 20) en Calanda se obraron de diversos tamaños, siendo el mayor de 38-39 cm.
La parreta de la fig. 1 mide 38,5 cm de alto, con descarga y labio biselado hacia afuera, y está pintada con franjas de óxido de manganeso como era usual en Calanda, círculos de caña recortada y dos hileras de uñadas en el cuello. Pero lo más peculiar de su decoración es el cordón exciso digitado serpenteante que rodea la tinajilla. El alfarero debía tener mucha habilidad para distribuir las ondas del cordón de manera que enlazara con el inicio (*).
Para acompañar la parreta, en la fig. 2 muestro otras piezas obradas en Calanda. La medida de vino es muy antigua.
Espero no equivocarme si atribuyo la parreta de la fig. 1, así como la tinaja de la fig. 4, a los gustos barrocos del siglo XVIII. Apuntan Romero y Cabasa (2009: 342), refiriéndose a Calanda: "En las tinajas de principios del siglo XVII [...] la decoración es más rica. Los cordones excisos no solo discurren en círculos horizontales, sino que además forman un amplio zigzag en el tercio superior de la panza." En las figs. 3 y 4 muestro un cántaro de vino y una tinaja de Calanda decorados con cordones en zigzag.
Esta decoración no fue exclusiva de Calanda sino que se usó también en Gea de Albarracín y Mora de Rubielos (Teruel), valle del Aranda (Zaragoza) (fig. 5) y Nueno (Huesca) (fig. 6). Más allá de Aragón se empleó en La Rioja (Arnedo) y Navarra.
Los cinchos serpenteantes no son un elemento autóctono. Valga como ejemplo las numerosas tinajas (pithos) halladas en las excavaciones del palacio de Cnosos (construido hacia 2000 a.C.) en Creta, utilizadas para almacenar cereales y aceite, muchas de ellas adornadas con cinchos en zigzag (fig. 7).







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