lunes, 3 de marzo de 2025

Cerámica negra de Huesa del Común (Teruel)

Fig. 1. Cántaros y jarro de vino (boca ancha) de Huesa del Común29, 32 y 26 cm, y vinagreras (boca estrecha), 23 y 31 cm. (JD.)

La cerámica "negra" se ha producido tradicionalmente en todo el norte peninsular, desde Cataluña a Galicia y norte de Portugal. También en Aragón (Huesa del Común y quizá Ráfales...), aunque apenas hay referencias al respecto.

La cerámica negra se obtiene mediante un proceso de cocción reductora, que básicamente consiste en tapar las entradas de oxígeno en el horno en determinado momento de la cochura. El monóxido de carbono y el denso humo producido en el interior del horno impregnan el barro, oscureciendo las piezas y, sobre todo, sellando los poros del barro, de manera que impermeabiliza las vasijas. Castellanos Alavedra (1987: 27) resume:

La pieza negra recibía una cocción normal como la de cualquier pieza roja y, cuando ya estaba cocida, se llenaba el horno de leña húmeda y se cubrían todos los resquicios de modo que no pudiera entrar nada de aire. El fuego sin tiro va consumiendo lentamente la madera y el oxígeno del ambiente, que es sustituido por el monóxido de carbono de la combustión. Este va entrando en los poros de la piezas, abiertos por el calor, de modo que toman su característico color negro.

Además, "la sobrecocción que produce el proceso de reducción le da una dureza característica que la hace más resistente a los golpes" (Castellanos Alavedra, 1987: 27). La duración de la cocción es de 24 horas en su primera fase y de cuatro días en la fase reductora, más entre dos o tres días para el enfriado de las piezas y el desenhornado. 

La cocción reductora es el procedimiento más arcaico y económico para impermeabilizar las vasijas, de manera que sin necesidad de vidriado pueden contener cualquier líquido, sea vino e incluso aceite, sin temor a que rezume al exterior. Creo que este es el caso de los cántaros de vino y vinagreras antiguos de Huesa del Común.

Pablo Benedicto fue el último alfarero de Huesa del Común. Cerró su taller hacia 1968 a causa del derrumbe de la bóveda de su horno (Llorens Artigas y Corredor-Matheos, 1970: 45), aunque lo reconstruyó en 1977 y todavía llevó a cabo algunas hornadas. M.ª Isabel Álvaro Zamora lo entrevistó hacia 1976 cuando realizaba su estudio sobre Alfarería popular aragonesa (1980). Sin embargo, Álvaro Zamora no hace ninguna referencia a la cerámica negra en su exposición sobre la alfarería de Huesa, lo cual no es extraño pues posiblemente Pablo Benedicto no conoció la cerámica negra o en todo caso solo conservaría un vago recuerdo de ella. Si suponemos que Álvaro Zamora habló con Benedicto cuando este tenía 65 años, empezaría a trabajar en la canterería en torno a 1925. Pero la producción de cerámica negra en Huesa es presumiblemente anterior a esa fecha.

También Francisco Burillo (1983) visitó a Pablo Benedicto en 1982. En su detallado reportaje tampoco se menciona que en Huesa se practicara la cocción reductora, a pesar de que, según señala, "Pablo Benedicto continúa una tradición que se remonta como mínimo a su bisabuelo" (1983: 30). En cambio, sí alude a los cántaros de vino: 

Cántaro de vino [...]: de 5 litros de cabida, tiene la boca más ancha y antiguamente carecía de decoración. Se empleaba como medida de capacidad...

Pero ni una mención a la cocción reductora. Sin embargo, por lo menos algunos cántaros negros sí se decorarían antiguamente, como atestigua la vinagrera de la fig. 1 (a la derecha), pintada con almagre como los cántaros de agua.

En resumen, respecto a la cerámica negra en Huesa apenas sabemos nada. ¿Cuándo se obró? ¿Cómo se realizaba la cocción, a qué temperatura y con qué duración? Probablemente se produjo en época antigua y hasta inicios del siglo XX, como muy tarde, aunque ya no hay ningún alfarero que pueda dar testimonio de ello y solo nos han quedado algunos cántaros de vino y vinagreras, como los de la fig. 1. 

Fig. 2. Cántaro de vino de Huesa del Común, 33,5 cm. (Taller-Escuela de Cerámica, Muel - Col. Manuel Val.)

Fig. 3. Cántaro de vino de Huesa del Común (a la derecha), junto a un cántaro de agua. (Museu Ferran Segarra, Miravet, Tarragona.)

domingo, 2 de marzo de 2025

Paisajes dieciochescos

Fig. 1. Azulejo de Teruel, 12 cm, siglo XVIII. Casa torreada entre árboles. (JD.)

El siglo XVIII fue el de las ciencias naturales (Linneo, Buffon, Lamarck...), la botánica, la zoología... Ello condujo a un renovado interés por la naturaleza y el paisaje, que se trasladó a la decoración de la cerámica. Desde finales del siglo XVII y a lo largo del XVIII la naturaleza y el paisaje adquirieron un protagonismo inédito como temas decorativos en gran parte de la cerámica europea. Al hilo del azulejo de Teruel de la fig. 1, en este post elijo cuatro centros donde se produjo esta cerámica paisajística: Teruel, Barcelona, Delft y Savona.

Teruel

El azulejo de Teruel de la fig. 1 es un ejemplo del gusto dieciochesco por el paisaje. Se trata de un azulejo del siglo XVIII, de 12 cm de lado, pintado con dos tonalidades de azul cobalto sobre fondo blanco. La escena presenta un grupo de casas, o mejor una casa torreada, rodeada de arboleda a ambos lados. Otro azulejo de esta serie sustituye la casa torreada por un pájaro (¿ruiseñor?) (fig. 2). Esta decoración naturalista se reprodujo también en platos, salvillas, orzas, jarros... y muy especialmente la del pájaro, que fue el motivo más popular de la cerámica decorada de Teruel en el siglo XVIII. 

Fig. 2. Azulejo de Teruel, 12 cm, siglo XVIII. Pájaro entre árboles. (Todocolección.)

Las figs. 3 a 9 muestran algunas piezas con el tema de la casa torreada del azulejo de la fig. 1.

Cabe apuntar que las casas torreadas son notables en el Alto Aragón. Se trata de casas fortificadas con torres defensivas, construidas en el siglo XVI. Ahora bien, es dudoso que el azulejo de la fig. 1 aluda a las casas torreadas aragonesas, pues se trata de un motivo común a otros lugares, por ejemplo Cataluña, o la Liguria italiana de donde procede este repertorio temático.

Fig. 3. Plato de Teruel, 32,5 cm, finales siglo XVII - principios siglo XVIII. Casa torreada y sobre ella un pájaro entre motivos vegetales. (Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid.)

Fig. 4. Albarelo de Teruel, 23 cm, siglo XVII. Casa torreada con chapitel entre motivos vegetales. (Fundación La Fontana, Barcelona.)

Fig. 5. Salvilla de Teruel, 24 cm, siglo XVIII. Casa torreada con almenas entre dos altos árboles. (Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid.)

Fig. 6. Salvilla de Teruel, 25,5 cm, siglo XVIII. Casa torreada rematada con un chapitel y estandarte, entre dos altos árboles. (Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid.)

Fig. 7. Salvilla de Teruel, 24 cm, siglo XVIII. Casa torreada entre árboles. (Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid.)

Fig. 8. Azulejo de Teruel, 17,8 cm, siglo XVIII. Casa torreada rematada con un chapitel entre motivos vegetales. Es similar a la casa torreada del albarelo de la fig. 4. (Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid.)

Fig. 9. Plato de Teruel, siglo XVIII. Campesina con peineta alta y al fondo una casa torreada y arboleda. (Col. particular. Álvaro Zamora, 2002: III 241.)

Barcelona

El mismo tema de la casa fuerte entre arboledas (en Cataluña, casa forta, mas fortificat) se encuentra también en la cerámica catalana azul de la misma época, especialmente en la serie denominada "de faixes i cintes" (fines siglo XVII y primera mitad del XVIII). Con la variante de que en los grandes platos catalanes el centro lo ocupa una figura (un caminante, un cazador, campesinos...) y el paisaje con el grupo de casas o la casa fuerte es el fondo de la escena. La producción en Barcelona de loza azul de tema paisajístico fue abrumadora. Refiriéndose a la loza barroca azul de las series "de la botifarra" y "de faixes i cintes", Cerdà i Mellado (2012: 60-61) apunta:

El motivo por excelencia es, sin duda, el paisaje. Puede ser solo terrestre o que incluya también el mar, en la lejanía. En el caso de los paisajes terrestres, son abundantes las representaciones con edificios, especialmente grupos de casas de campo en los que destacan campanarios, masías fortificadas, etc. [...] También es abundante la figura humana, sola o en grupo: caminantes, músicos, damas, jinetes, etc.

Al igual que la de Teruel de la época, se trata de una cerámica influenciada por la producción de la Liguria italiana (Savona, Albisola, Génova...). Las figs. 10 a 25 son algunos ejemplos que recuerdan el paisaje del azulejo de Teruel de la fig. 1. 

Fig. 10. Plato de Barcelona, 29,3 cm, segunda mitad del siglo XVII. Serie "de la corbata". Casa fuerte entre motivos vegetales. (Fundació Mascort, Torroella de Montgrí, Gerona.)

Fig. 11. Plato de Barcelona, 36,5 cm, último tercio del siglo XVII - principios siglo XVIII. Serie de transición. Casa fuerte con un ciprés y torre almenada con estandarte, rodeada de vegetación. (Fundació Mascort, Torroella de Montgrí, Gerona.)

Fig. 12. Plato de Barcelona, 39,5 cm, primer cuarto del siglo XVIII. Serie de orla negativa. Sembrador sobre el fondo de un pueblo y arboleda. (Fundación La Fontana, Barcelona.)

Fig. 13. Plato de Barcelona, 51 cm, primer cuarto del siglo XVIII. Serie de orla negativa. Pareja de campesinos sobre el fondo de dos pueblos a ambos lados, el de la izquierda con una torre defensiva, y en la lejanía el mar con cinco carabelas. (Fundación La Fontana, Barcelona.)

Fig. 14. Plato de Barcelona, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de la botifarra". Casa fuerte. (Vinseum, Vilafranca del Penedès.)

Fig. 15. Plato de Barcelona, 40,5 cm, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de la botifarra". Casa fuerte con torre defensiva entre árboles. (Fundación La Fontana, Barcelona.)

Fig. 16. Plato de Barcelona, 39,6 cm, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de la botifarra". Caminante con un cesto al hombro sobre el fondo de unas casas y monte arbolado. (Fundació Mascort, Torroella de Montgrí, Gerona.)

Fig. 17. Salvilla de Barcelona, 26,8 cm, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de la botifarra". Caminante de espaldas portando un estandarte sobre el fondo de un pueblo y montecillo arbolado. (Fundació Mascort, Torroella de Montgrí, Gerona.)

Fig. 18. Plato de Barcelona, 36,6 cm, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de faixes i cintes". Caminante sobre el fondo de arquitecturas y una planta con una flor. (Fundació Mascort, Torroella de Montgrí, Gerona.)

Fig. 19. Plato de Barcelona, 37 cm, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de faixes i cintes". Caminante con un arcabuz sobre el fondo de unas casas y arboleda. (Talavera 16.)

Fig. 20. Plato de Barcelona, 40 cm, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de faixes i cintes". Caminante con un bastón sobre el fondo de unas casas con un ciprés y vegetación. (Atelier de Rêves.)

Fig. 21. Plato de Barcelona, 39 cm, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de faixes i cintes". Caminante sobre el fondo de un pueblo. (Todocolección.)

Fig. 22. Plato de Barcelona, primera mitad del siglo XVIII. Serie "de faixes i cintes". Casas de pueblo con cipreses y en la lejanía el mar con dos carabelas. (Agut Antiques.)

Fig. 23. Plato de Barcelona, segundo tercio del siglo XVIII - primer tercio del siglo XIX. Serie de influencia francesa. Campesina con una especie de castañuelas en las manos y al fondo un pueblo con torres defensivas. (Museu del Disseny de Barcelona.)

Fig. 24. Jarro de aguamanil de Barcelona, 65 cm de alto, último tercio del siglo XVIII. Serie llamada "de Banyoles". Caminante de espaldas portando un estandarte (similar al caminante de la fig. 17), y a un lado un pescador junto a un árbol y un perro; al fondo un pueblo con torres defensivas. (Fundació Mascort, Torroella de Montgrí, Gerona.)

Fig. 25. Plato policromado de Barcelona, 39 cm, primer tercio del siglo XIX. Campesina sobre el fondo de un pueblo y árboles. (Fundación La Fontana, Barcelona.)

Delft (Holanda)

El paisaje es también omnipresente en la cerámica azul y blanca de Delft de los siglos XVII y XVIII. Son paisajes salpicados de casas, casas fuertes, castillos o el consabido molino de viento, en primer término o al fondo de la escena... 

Los alfareros holandeses, fascinados por la calidad de la porcelana oriental, intentaron reproducir con la máxima fidelidad el refinado repertorio ornamental chino y japonés, que al cabo de un tiempo combinaron con asuntos de origen italiano. La loza holandesa blanca y azul que se producía en los más de treinta talleres de la región de Delft alcanzó su esplendor a partir del último cuarto del siglo XVII gracias a la producción de vajillas, azulejos y tuliperas. (Entre Orient i Occident (Ceràmica oriental, nord-africana i europea del Museu de Ceràmica de Barcelona), Barcelona, Museu de Ceràmica, p. 56.)

Las figs. 26 a 29 son algunos ejemplos que recuerdan el paisaje del azulejo de Teruel de la fig. 1.

Fig. 26. Panel de seis azulejos de Delft, 13 cm cada azulejo, siglo XVIII. (Sala Retiro.)

Fig. 27. Plato de Delft, 20,3 cm, primer cuarto del siglo XVIII. (Antique Pottery of John Howard at Heritage.)

Fig. 28. Plato gallonado de Delft, 31,6 cm, primera mitad del siglo XVIII. (Museum of Anthropology at the University of British Columbia, Vancouver, Canadá.)

Fig. 29. Plato de Delft, 25,4 cm, 1739-1775. Serie del calendario. (Los Angeles County Museum of Art, California.)

Savona (Liguria, Italia)

En el catálogo de la exposición Entre Orient i Occident (Ceràmica oriental, nord-africana i europea del Museu de Ceràmica de Barcelona), Barcelona, Museu de Ceràmica, pp. 58 y 100, leemos: 

Desde finales del siglo XVII, cuando el comercio de porcelana china estaba regularizado en Italia, los ceramistas ligures, tomando como modelo los asuntos orientales, crearon la serie calligrafica-naturalistica, que se caracteriza por la decoración de plantas acuáticas, palmas, margaritas, ciervos, insectos, pájaros y elementos arquitectónicos derivados de la pagoda, que a menudo combinaban con temas de origen local. [...] El color preferido era el azul, empleado regularmente en claroscuro o aguada, por lo que es habitual encontrar representaciones de todas las tonalidades de este color [...]. Por su vistosidad y exotismo, esta serie fue imitada en Talavera de la Reina, Teruel y Barcelona. [...]

Simultáneamente a la ornamentación calligrafica-naturalistica los alfareros ligures cultivaban un repertorio temático más occidental, conocido como scenografia barroca. En estas elegantes composiciones, decoradas en claroscuro azul, las figuras de niños, caminantes y campesinos destacan sobre el paisaje de árboles, follaje y arquitectura rural. [...] Este repertorio ornamental triunfó entre los ceramistas de Barcelona que tenían acceso a la cerámica italiana gracias a las intensas relaciones comerciales con el puerto de Génova.

Dicha influencia llegó también a Teruel. Leemos en el plafón explicativo sobre "La cerámica en el siglo XVIII" del magnífico Museo de Teruel (planta I, sala 6): "La influencia de la porcelana china, filtrada a través de las lozas italianas y sus imitaciones peninsulares, se hace muy presente en la producción turolense desde finales del siglo XVII y sobre todo a lo largo del siglo siguiente. Este influjo se hace particularmente evidente en la cerámica azul."

Álvaro Zamora (2002: III 229) señaló la influencia de la cerámica de la Liguria italiana en la de Teruel: "La moda 'china' está presente en la vajilla de Teruel desde mediados del siglo XVII y sus motivos, composiciones y formas de trazado se encuentran plenamente vinculados con las versiones realizadas en los obradores ligures de Génova, Savona y Albisola."

Ahora bien, la lujosa cerámica de Savona con sus paisajes y escenas aristocratizantes, está muy alejada de la cerámica de Teruel, catalana o de Delft, de temática más popular, aunque estuviera igualmente destinada a la clientela acomodada local.

En las figs. 30 a 39 destaco algunos ejemplos de la cerámica de Savona y otros obradores italianos que recuerdan el paisaje del azulejo de Teruel de la fig. 1.

Fig. 30. Plato de Savona, 24 cm, mediados del siglo XVII. Serie de "escenografía barroca". (Museu del Disseny de Barcelona.)

Fig. 31. Plato de Savona, 29,5 cm, mediados del siglo XVII. (eBay.)

Fig. 32. Plato de Savona, 35,4 cm, finales del siglo XVII. (Col. particular.)

Fig. 33. Par de jarras de la Italia central, 40 cm de alto, finales del siglo XVII. (AnticoAntico.)

Fig. 34. Salvilla de San Quirico d'Orcia (Siena), 26,5 cm, principios del siglo XVIII. (AnticoAntico.)

Fig. 35. Jarrón de Savona, 22 cm de alto, siglo XVIII. (AnticoAntico.)

Fig. 36. Salvilla de Savona, 34 cm, siglo XVIII. (AnticoAntico.)

Fig. 37. Salvilla de Savona, 29,5 cm, siglo XVIII. (Palácio do Correio Velho.)

Fig. 38. Plato de Savona, 29,5 cm, siglo XVIII. (Cambi Casa d'Aste.)

Fig. 39. Plato de Savona, 45 cm, siglo XVIII. (Sala Retiro.)

Después de esta excursión por la cerámica barroca del siglo XVIII, vuelvo la vista al pequeño azulejo de Teruel de la fig. 1. Sorprende el estilizado dibujo de la casa torreada, perfilada con apenas cuatro trazos. Por lo demás, la curvatura de las paredes de la casa parece amoldarse a la curvatura de los árboles de alrededor, de manera que la arquitectura queda perfectamente integrada en el paisaje. Como diría Rubén Darío, todo ello "muy siglo XVIII". 

domingo, 23 de febrero de 2025

Alfarería tradicional francesa

Fig. 1. De izquierda a derecha: jarra de aceite de nuez de Ardèche (Auvergne-Rhône-Alpes), 41 cm, siglos XVIII-XIX. Aceitera y jarra-medida (pinte) de Puisaye, 27 y 25,5 cm, siglo XIX. Chevrette de Castelnaudary (Languedoc), 28 cm, siglo XIX. (JD.)

Hace tiempo que deseaba escribir un post sobre la alfarería tradicional francesa, tan distinta a la peninsular. Si la alfareria española es mediterránea y en ella destacan las vasijas para el agua, el vino y el aceite (cántaros, botijas, tinajas, aceiteras...), la poterie tradicional francesa es septentrional y en ella sobresalen los recipientes para la conservación de alimentos (pots à graisse, saloirs, jarres...), sin olvidar los cántaros para el aceite de nuez, tan comunes en los siglos XVIII-XIX en la Francia central.

En la fig. 1 se muestran algunas piezas de la alfarería tradicional francesa. A la izquierda de la fotografía, la gran jarra de aceite de nuez (pichet à huile de noix), de 41 cm de alto, procede de Ardèche, en la región de Auvergne-Rhône-Alpes, y puede datarse entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. El cuerpo de la jarra está decorado con nervaduras longitudinales, y la parte frontal superior va cubierta con un tosco mandil en óxido de cobre sobre engobe pardo. El asa, opuesta al pico vertedor, es ancha y con una marcada acanaladura central. 

El aceite de nuez fue y es ampliamente utilizado en gran parte de Francia para usos culinarios, y en especial para el aliño de ensaladas. También hasta el siglo XIX se utilizó como combustible en las lámparas de aceite para el alumbrado. 

En este sentido, una de las piezas más notables de la alfarería de la Francia central son los cántaros de aceite de nuez (cruches à huile de noix), por lo general datables en los siglos XVIII y XIX, con hasta cuatro asas y provistos de un aparatoso pitorro (bec). "Les cruches à huile font aujourd'hui partie de l'art populaire et sont les témoins matériels d'un artisanat totalement disparu" (Aux Rois Louis). Las figs. 2 a 6 muestran algunos cántaros de aceite de nuez de distintas procedencias.

Fig. 2. Cántaros de aceite de nuez de Auvergne, 36 y 39 cm, siglo XVIII. (Ponvianne Antiquités.)

Fig. 3. Cántaro de aceite de nuez de Quercy, 32 cm, siglo XVIII. (Aux Rois Louis.)

Fig. 4. Cántaros de aceite de nuez de Beauregard-de-Terrasson (Périgord), 35 y 33 cm, siglo XIX. (Aux Rois Louis.)

Fig. 5. Cántaro de aceite de nuez de tres asas de ¿Beauronne? (Périgord), 31 cm, siglo XVIII. (ebay.)

Fig. 6. Cántaro de aceite de nuez del Haute-Loire (Auvergne-Rhône-Alpes), 49 cm, fechado "1763". (Ferri.)

Siguiendo con la fig. 1, en el centro se muestra una aceitera (toulon à huile) en gres de Puisaye, comarca al sureste de París famosa por su alfarería de gres. Mide 27 cm de alto y está barnizada parcialmente con óxido de cobre. Detrás de ella asoma una jarra-medida (pinte) también de Puisaye y una capacidad de 4,5 pintes (una pinte es una antigua unidad francesa de volumen que equivale a 0,952 litros).

La antigua poterie de gres de Puisaye tuvo su auge en los siglos XVIII-XIX y posee un atractivo especial. Explica la web del Musée du Grès de Saint-Amand-en-Puisaye:

C'est probablement au cours du XVe siècle qu'apparaît en Puisaye la poterie de grès, qui vient remplacer progressivement une production de terre cuite vernissée plus ancienne. Cette implantation se justifie par la présence de gisements d'une argile spécifique supportant les très hautes températures nécessaires au grèsage (vitrification dans la masse, vers 1250-1300°, qui permet de donner à la pièce solidité et imperméabilité). L'abondance de combustible (forêts) a également favorisé son établissement.

El gres de Puisaye tiene una gran dureza, no se desgasta con el uso y es impermeable, de ahí que se utilice para contener toda clase de líquidos, en especial aceite, o bien adobos, salazones y conservas. Sin embargo el gres se ve afectado por los cambios bruscos de temperatura y por ello no se emplea para la confección de utensilios de cocina para el fuego. 

En Puisaye la cerámica de gres se obtiene mediante la cocción a alta temperatura en hornos horizontales (couchés), que funden la arcilla rica en sílice y la convierten en una pasta vitrificada. La cochura dura en torno a 4 o 5 días, más una semana de lento enfriamiento del horno tras lo cual se procede al desenhornado (Poulet, 2000).

Las figs. 7 a 9 muestran diversas piezas de gres de la comarca de Puisaye (Saint-Amand-en-Puisaye, La Borne...) atribuibles al siglo XIX.

Fig. 7. Alfarería de Puisaye. Detrás: toule para el aceite, con dos picos vertedores opuestos, y toulon (aceitera) para uso en la cocina. Delante: bonbonne para aguardiente o aceite de nuez, y gourde (cantimplora). (Grès Puisaye.)

Fig. 8. Alfarería de Puisaye. De izquierda a derecha: bonbonne, berchet à deux anses y bonbonne à goulot verseur. (Grès Puisaye.)

Fig. 9. Alfarería de Puisaye. Detrás: cruche à becs verseurs y toulon. Delante: bonbonne y toulon con asa lateral. (Grès Puisaye.)

El recipiente de la derecha en la fig. 1 es una chevrette de Castelnaudary (o Castèlnòu d'Arri en occitano), en el Languedoc. Mide 28 cm de alto, barnizada en amarillo en su tercio superior, y data del siglo XIX. Se utilizaba para sacar agua del pozo y por medio del pitorro beber a chorro (à la régalade en francés, a galet en catalán). La chevrette es el equivalente del poal catalán. 

Cántaros (cruches) similares, con la misma función y de distintas formas y tamaños fueron usados en todo el sur de Francia: dourne, para llevar sobre la cabeza, similar a la pedarra vasca; orjol, similar al doll del Alt Empordà catalán; plongeon, de gran tamaño con una o dos asas y pico vertedor; gargoulette, equivalente del càntir (botijo) catalán... (El cántaro pirenaico, 2019). Al igual que en Cataluña, estos cántaros se utilizaron hasta finales del siglo XIX en que el agua de los pozos dejó de ser potable debido a la contaminación de las aguas freáticas, a causa del uso intensivo de productos químicos en la agricultura.

La alfarería tradicional francesa, es decir, la de nuestros bisabuelos, es inabarcable. Espero que esta mínima excursión te haya gustado.

Fig. 10. Orjol del sudoeste de Francia, 29 cm, siglo XIX. (La Table d'Eglantine.)

Fig. 11. Gran orjol de Saint-Jean-de-Fos (Sant Joan de Fòrcs en occitano), en el departamento de Hérault (Languedoc), 44 cm, siglo XVIII. (Terre vernissée de France.)

Fig. 12. Cruche de barque de Saint-Jean-de-Fos (Sant Joan de Fòrcs en occitano) en el departamento de Hérault (Languedoc), con asa torsa, siglos XVIII-XIX. (Terre vernissée de France.)

Fig. 13. Cruche del Val de Saône, 35 cm, siglos XVII-XVIII. (Richard.)