La cerámica "negra" se ha producido tradicionalmente en todo el norte peninsular, desde Cataluña a Galicia y norte de Portugal. También en Aragón (Huesa del Común y quizá Ráfales...), aunque apenas hay referencias al respecto.
La cerámica negra se obtiene mediante un proceso de cocción reductora, que básicamente consiste en tapar las entradas de oxígeno en el horno en determinado momento de la cochura. El monóxido de carbono y el denso humo producido en el interior del horno impregnan el barro, oscureciendo las piezas y, sobre todo, sellando los poros del barro, de manera que impermeabiliza las vasijas. Castellanos Alavedra (1987: 27) resume:
La pieza negra recibía una cocción normal como la de cualquier pieza roja y, cuando ya estaba cocida, se llenaba el horno de leña húmeda y se cubrían todos los resquicios de modo que no pudiera entrar nada de aire. El fuego sin tiro va consumiendo lentamente la madera y el oxígeno del ambiente, que es sustituido por el monóxido de carbono de la combustión. Este va entrando en los poros de la piezas, abiertos por el calor, de modo que toman su característico color negro.
Además, "la sobrecocción que produce el proceso de reducción le da una dureza característica que la hace más resistente a los golpes" (Castellanos Alavedra, 1987: 27). La duración de la cocción es de 24 horas en su primera fase y de cuatro días en la fase reductora, más entre dos o tres días para el enfriado de las piezas y el desenhornado.
La cocción reductora es el procedimiento más arcaico y económico para impermeabilizar las vasijas, de manera que sin necesidad de vidriado pueden contener cualquier líquido, sea vino e incluso aceite, sin temor a que rezume al exterior. Creo que este es el caso de los cántaros de vino y vinagreras antiguos de Huesa del Común.
Pablo Benedicto fue el último alfarero de Huesa del Común. Cerró su taller hacia 1968 a causa del derrumbe de la bóveda de su horno (Llorens Artigas y Corredor-Matheos, 1970: 45), aunque lo reconstruyó en 1977 y todavía llevó a cabo algunas hornadas. M.ª Isabel Álvaro Zamora lo entrevistó hacia 1976 cuando realizaba su estudio sobre Alfarería popular aragonesa (1980). Sin embargo, Álvaro Zamora no hace ninguna referencia a la cerámica negra en su exposición sobre la alfarería de Huesa, lo cual no es extraño pues posiblemente Pablo Benedicto no conoció la cerámica negra o en todo caso solo conservaría un vago recuerdo de ella. Si suponemos que Álvaro Zamora habló con Benedicto cuando este tenía 65 años, empezaría a trabajar en la canterería en torno a 1925. Pero la producción de cerámica negra en Huesa es presumiblemente anterior a esa fecha.
También Francisco Burillo (1983) visitó a Pablo Benedicto en 1982. En su detallado reportaje tampoco se menciona que en Huesa se practicara la cocción reductora, a pesar de que, según señala, "Pablo Benedicto continúa una tradición que se remonta como mínimo a su bisabuelo" (1983: 30). En cambio, sí alude a los cántaros de vino:
Cántaro de vino [...]: de 5 litros de cabida, tiene la boca más ancha y antiguamente carecía de decoración. Se empleaba como medida de capacidad...
Pero ni una mención a la cocción reductora. Sin embargo, por lo menos algunos cántaros negros sí se decorarían antiguamente, como atestigua la vinagrera de la fig. 1 (a la derecha), pintada con almagre como los cántaros de agua.
En resumen, respecto a la cerámica negra en Huesa apenas sabemos nada. ¿Cuándo se obró? ¿Cómo se realizaba la cocción, a qué temperatura y con qué duración? Probablemente se produjo en época antigua y hasta inicios del siglo XX, como muy tarde, aunque ya no hay ningún alfarero que pueda dar testimonio de ello y solo nos han quedado algunos cántaros de vino y vinagreras, como los de la fig. 1.


No hay comentarios:
Publicar un comentario